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lunes, 24 de febrero de 2020

Recorrido por Europa, tierra de castillos y leyendas medievales

Fortalezas inexpugnables y bastiones o palacios de ensueño invitan a adentrarse en la historia.

Palacio de la Pena

Desde la Edad Media hasta el siglo XIX, en Europa se erigieron infinidad de castillos. Hacemos un recorrido por algunos de los más impresionantes.

La ruta comienza en Portugal, en el Palacio Nacional de la Pena, situado en la localidad de Sintra, a pocos kilómetros de Lisboa. Al contrario de lo que indica su nombre, este majestuoso castillo es una explosión de colores.

La edificación fue construida en el siglo XIX por el rey Fernando II como un regalo para su esposa, la reina María II de Portugal, y se convirtió en la residencia de verano de la familia real portuguesa. Su colorido exterior da paso a amplias estancias interiores en donde se conservan muebles y utensilios de la época. Además, el palacio está rodeado de un frondoso jardín con especies vegetales procedentes de los cinco continentes.


La siguiente parada es Alburquerque, un pueblo en el suroeste de España, en la provincia de Badajoz, cerca de la frontera con Portugal. Allí se alza el castillo de Luna, de pequeño tamaño pero muy bien conservado.

Aunque fue construido en el siglo XIII, Álvaro de Luna, maestre de la Orden de Santiago, así como Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque y valido del rey Enrique IV de Castilla, le hicieron importantes reformas en el siglo XV. Una de las más notables fue la construcción de las torres del homenaje y de los cinco picos, comunicadas a través de un gran arco ojival con puente levadizo.

Además de las torres, en el interior del castillo se pueden visitar la cantina, los dormitorios de la tropa, el aljibe, las mazmorras y la tahona. Desde el patio de armas se accede a la iglesia de Santa María Mayor del castillo, una gran obra de estilo románico tardío.

Desde Alburquerque viajamos a Segovia, una ciudad situada unos 100 kilómetros al norte de la capital de España y que posee uno de los castillos más impresionantes del continente. El alcázar de Segovia se alza sobre una gran roca en la confluencia de los ríos Clamores y Eresma. Se cree que allí pudo haber una fortificación en la época romana, pues se han encontrado sillares de granito similares a los del acueducto de la ciudad. Lo que sí se sabe es que en el siglo XII ya había un primitivo castillo, que después se fue modificando y ampliando con el paso de los siglos. Ha sido fortaleza militar, residencia real y sede de importantes hechos históricos: allí, Isabel I se proclamó reina de Castilla y se celebró la boda entre Felipe II y Ana de Austria.

Para el siglo XVIII, el rey Carlos III fundó en Segovia el Real Colegio de Artillería, que quedó instalado en el alcázar hasta que, en 1862, se produjo un incendio que destruyó las techumbres y el interior del edificio, así como la mayor parte de los objetos de gran valor que se guardaban en su archivo, biblioteca y gabinetes.

El castillo fue restaurado a finales del siglo XIX y hoy alberga un archivo militar, un museo de armas y recibe miles de turistas. No en vano, el alcázar de Segovia y también el castillo alemán de Neuschwanstein sirvieron de inspiración a Walt Disney para diseñar el famoso castillo de Disneyland.

Otro fortín impresionante es el de Carcasona (Carcassonne, en francés), ubicado en el sur de Francia. Fue construido en el siglo XII por los vizcondes de Carcasona, los Trencavel.

En realidad se trata de una fortificación dentro de otra fortificación, pues se encuentra en el interior de un recinto amurallado que protege la ciudad medieval. El castillo está separado de la ciudad por un foso seco.


Carcasona fue, durante mucho tiempo, una plaza estratégica, pues se hallaba en la frontera que separaba Francia del Reino de Aragón y, posteriormente, del Reino de España. Pero tras la paz de los Pirineos de 1659, el territorio del Rosellón pasó a formar parte de Francia, y la ciudad perdió su importancia estratégica.

A partir de entonces, el lugar fue cayendo en el abandono y quedó muy deteriorado hasta que, en el siglo XIX, se encargó su reconstrucción al arquitecto Eugène Viollet-le-Duc. Gracias a su trabajo, Carcasona resurgió en todo su esplendor.


Otro castillo que también fue reconstruido en el siglo XIX es el de los Hohenzollern, situado en el sur de Alemania, en la región de Baden–Württemberg. El castillo original, edificado en la Edad Media, quedó destruido por las guerras, el tiempo y el abandono. A mediados del siglo XIX, el futuro rey Federico Guillermo IV de Prusia, amante de las bellas artes, encargó al arquitecto Friedrich August Stüler la reconstrucción de la fortaleza, donde habían vivido sus antepasados. Este lo hizo siguiendo el estilo neogótico, que era la tendencia de moda en Francia y en Inglaterra en aquel momento. El resultado es un fascinante castillo que no llegó a estar habitado y simplemente sirvió para mostrar poder.

Viajando hacia el este de Alemania llegamos a Baviera, y allí, frente a los imponentes Alpes, encontramos el castillo de Neuschwanstein, conocido como el ‘castillo del rey loco’.


El rey Luis II de Baviera ascendió al trono siendo todavía muy joven, y dos años después se vio obligado a ceder poder en favor de Prusia. Esto propició que el monarca, ya de por sí retraído, se encerrara cada vez más en su mundo de leyendas.

En 1869 comenzaron las obras de Neuschwanstein, el castillo nuevo, un lugar que Luis II convertiría en su refugio. El monarca sentía predilección por las leyendas, como la de Parsifal y la del Santo Grial, lo que se puede apreciar en la rica decoración del interior del castillo.

Entre sus estancias destaca su gran salón del trono, y también tiene hasta una gruta. En la actualidad, este castillo de cuento de hadas recibe cada año alrededor de 1,4 millones de visitantes y es uno de los monumentos más fotografiados de Alemania.


Terminamos nuestro viaje en Irlanda, en el condado de Tipperary, donde se encuentra el castillo de Cahir, uno de los más grandes y mejor conservados de todo el país. Esta fortaleza medieval se alza sobre una isla del río Suir. La estructura original data del siglo XIII, pero ha sufrido diversas modificaciones a lo largo del tiempo hasta que, en 1599, alcanzó la forma que hoy conserva.

Este impresionante castillo ha sido protagonista de diversas batallas a lo largo de los siglos y ha servido de escenario para algunas escenas de la película ‘Excalibur’, dirigida por John Boorman.


El Tiempo

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lunes, 17 de febrero de 2020

Cinco días en India, el país mágico

Delhi, Agra y Jaipur forman el triángulo de oro, una ruta ideal para la primera visita a este país.

India

Desde Estambul hasta Delhi hay siete horas de vuelo. En el aeropuerto, a las 6 de la mañana, empieza nuestra travesía de la mano de Dilip Singh Rathore, nuestro guía indio que se presenta como Felipe y habla perfecto español. Con él recorreremos el triángulo de oro de India, formado por las ciudades de Delhi, Jaipur y Agra. Fuera del aeropuerto, con un cielo púrpura, un grupo de músicos nos recibe con sonidos típicos y collares de flores amarillas.

Este es el segundo país más poblado del mundo con 1.310 millones de habitantes. Solo en Delhi viven 18 millones de personas. Es un caluroso día de septiembre y el tráfico es lento. Los carros comparten autopista con las vacas, que temerarias se acuestan en medio de la carretera. Son las 8 de la mañana y la ciudad está agitada.

Después de un rato de recorrido por Vieja Delhi, el guía indica que estamos junto a Jama Masjid o la mezquita que refleja el mundo. Fue construida por el emperador mogol Shah Jahan en el siglo XVII, el mismo que construyó el Taj Mahal. Hoy sigue siendo un lugar de oración. Cerca de allí está el Fuerte Rojo de Delhi, un lugar de 49 hectáreas y otra muestra de arquitectura mogol.


Sobre el mediodía, ya en Nueva Delhi, llegamos al Raj Ghat, el memorial de Mahatma Gandhi en donde están sus cenizas. Es uno de los personajes más representativos de la historia reciente del país, gracias a su lucha pacífica para lograr la independencia de India de los británicos. Además de la tumba de mármol, hay una estatua en una plaza concurrida, este día, por estudiantes.

Pasamos luego al templo de la fe Bahai, una construcción metálica que reproduce la imagen de una flor de loto. Los rayos del sol de la tarde pegan sobre las cabezas. Una de las placas resume los principios de esta fe: “Reconoce la unidad de dios y sus profetas” y “enseña que el propósito fundamental de la religión es promover la concordia y la armonía”. Dentro del templo no hay imágenes, no hay estatuas, y personas de todas las religiones son bienvenidas.

Akshardham, también en Nueva Delhi, es un complejo de templos hinduistas que terminó de construirse en el 2005, tras 40 años de planificación y obras. Es el templo de esta religión más grande del mundo y es visitado a diario por 10.000 personas. Un dato interesante es que fue financiado por donantes de todo el mundo. Tiene 20.000 figuras esculpidas de animales, deidades y plantas, y es necesario cubrirse las piernas y los hombros para entrar.

La última visita del día es a Gurudwara Bangla Sahib o el templo de la religión Sij. Fue un palacio durante el siglo XVII y hoy es el espacio más importante en India de esta religión. “La religión tiene cinco reglas”, explica Felipe. “Los practicantes deben llevar barba y nunca cortarse el pelo. Siempre deben llevar una daga y pulsera. Deben tener un peine de madera, así como un turbante y nunca usar pantalón corto”. Andamos descalzos, las mujeres nos cubrimos la cabeza. Los devotos, sentados sobre un tapete rojo que cubre el piso del templo, tienen la cabeza baja.
Con el sonido de dulces campanas en el recuerdo y la sensación de unidad en la diferencia termina el día.


Camino a Jaipur

Cogemos carretera. Atrás queda Delhi y en el camino tenemos el privilegio de dar un vistazo a la vida más allá del turismo. Vamos hacia Jaipur, y Anil, otro de los guías de Mega Travel, explica que el 70 por ciento de la población en su país es hindú y dice que en la religión hay 33 millones de dioses. “Si no te gusta un dios, puedes rezar a otro”, dice.

A través de la ventana se ven los templos en medio de las plantaciones. Las deidades son parte de la familia, dice Anil: “No les tenemos miedo. Comemos con ellos, convivimos todos los días”.

Después de 6 horas llegamos a Jaipur, capital de Rajastán. Pasamos la tarde en la fábrica de textiles Paliwal, que produce las legendarias sedas estampadas que han atravesado por un proceso artesanal; también, tapetes hechos con pelo de camello y hermosos vestidos cosidos a mano.

Al día siguiente visitamos el Fuerte Amber, el Palacio de los Vientos y la Puerta de Jaipur, un lugar que se popularizó gracias a algunos instagrammers. En cada monumento se cuentan historias de reyes, de sus excentricidades y, sobre todo, de la presencia constante de los dioses en sus vidas.


El Taj Mahal

Esta maravilla del mundo está en Agra, la tercera y última parada en India. Es un mausoleo construido por Shah Jahan, el quinto emperador de la dinastía mogol, en el siglo XVII. La leyenda que recita Felipe dice que el emperador fue un día al mercado, conoció a una mujer y quiso convertirla en su quinta esposa. Después de tramas e intrigas, se casó con ella y en 1630, luego del nacimiento de uno de sus hijos, ella murió. Por eso, él decidió crear un monumento para ella, en donde reposan sus restos. Y durante 22 años, 20.000 personas trabajaron en su construcción.

El río Yamuna pasa junto al Taj Mahal. Es afluente del Ganges y tiene 1.000 km de largo. Las tumbas originales del emperador y su emperatriz están bajo las réplicas que se muestran al público. Como la religión musulmana no permite poner letreros sobre las tumbas, hicieron réplicas. Las originales están un nivel abajo y son lisas.

Nos despedimos de Agra a las 5 de la mañana. No sé si las tiendas estuvieron abiertas toda la noche o si recién abrieron. Lo que sí es evidente es que la actividad no para, hay almas que se toman el reposo como un lujo y hoy, en esta madrugada, ya deambulan.

El río Yamuna se mueve junto a la carretera. En medio de los trigales se levantan templos coloridos, con cúpulas alargadas, dedicados a los dioses de la tierra. No amanece y la vida ya se mueve entre los campos. ¿Se nutrirán con agua del Yamuna? Hay chozas que guardan la paja para los animales. El tiempo pasa tranquilo mientras los búfalos, las vacas, los toros aran la tierra y la preparan para una cosecha futura.


Natalia Noguera
VIAJAR



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