
En doce días se surcan las aguas de tres
mares: el Egeo, el Mármara y el Negro, mientras se descubren puertos de
cuatro países: Grecia, Turquía, Georgia y Rumania. Es una ‘sobredosis’
de historia, de paisajes y de ciudades, que parte del puerto del Pireo
en Atenas (Grecia), y lleva por tesoros que hablan de los imperios
persas, romanos, bizantinos, árabes, mongoles, turcos y rusos.
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Acrópolis, punto de partida a una gran travesía.
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El barco Seven Seas Mariner, de
la naviera Regent, surca las aguas del mar Egeo. La capital griega queda
atrás con su imponente Acrópolis, con sus templos, fortalezas,
iglesias, ruinas y vestigios, de los más antiguos de la humanidad. Vale
la pena llegar dos días antes de la partida de la nave para descubrir
con calma y con tiempo esta metrópoli.
En medio de la solemnidad de los
monumentos y patrimonios de la humanidad que hablan del origen de la
civilización occidental, hoy la vida ateniense es divertida y amable.
Los griegos son hospitalarios y todos unos maestros de la buena mesa.Así
que perderse entre las calles estrechas y coloridas del antiguo barrio
Plaka para recorrer el ágora o trepar hasta la Acrópolis, caminar el
moderno Kolonaki y su plaza Sintagma, y descansar entre restaurantes y
bares de estos lugares, es un placer mañana, tarde y noche. Para
completar, no es una ciudad costosa.
La oferta de comida y alojamiento es
amplia y para todos los bolsillos. Un buen plan es recorrerla en un bus
turístico que por 40 euros lo lleva por los lugares imperdibles.
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Vista del Seven Seas en la belleza del mar Negro.
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A navegar rumbo a Siros
La naviera con su promesa de un viaje de
lujo tiene el reto de llevar a los 700 pasajeros del Seven Seas Mariner
por una aventura de talla mayor. El barco emprende su recorrido a las 5
de la tarde y navega toda la noche para atracar en medio de un rojizo
amanecer en Siros, capital de las islas Cícladas, de parajes desérticos y
arquitectura blanquecina, con playas, palmeras, bares y cafés que
hablan de la cultura griega.
Es tiempo de caminar por sus playas y
por el puerto, y adentrarse en su historia, construcciones y museos que
dan al viajero una pincelada de la vida en esta región. Los pasos irán
por el teatro Apolo, las iglesias ortodoxas y cristianas como la de San
Nicolás, la de la Asunción o la de la Resurrección y el Monasterio de
los Capuchinos.
Sus calles empinadas invitan a caminar y a perderse entre recovecos en los que hay que hacer pausas para gozar la plácida vista del mar Egeo.
Sus calles empinadas invitan a caminar y a perderse entre recovecos en los que hay que hacer pausas para gozar la plácida vista del mar Egeo.
Efeso, el gran museo al aire libre
La tercera jornada se cumple en
territorio turco, en uno de los sitios históricos más valiosos sobre la
faz de la Tierra: Éfeso. Estar allí, a pesar de los 40 grados
centígrados de temperatura en verano, es sobrecogedor, y más cuando se
sabe que no han descubierto la totalidad de esta antigua ciudad del Asia
Menor.
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Éfeso, una de las zonas más grandes del mundo.
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Es una de las zonas arqueológicas más
grandes del mundo. La magnitud de las ruinas y el relativo buen estado
en el que se conservan permiten imaginar cómo fue esta urbanización
creada por uno de los arquitectos más grandes de la historia: Hipódamos.
Excavada desde el siglo XIX por
arqueólogos ingleses, en la última época del imperio Otomano, han
brotado de sus entrañas cerámicas y objetos, algunos de los cuales están
hoy en el Museo Británico.
La época dorada de la ciudad
llegó con los romanos, cuando se convirtió en uno de los grandes centros
culturales y económicos del Antiguo Occidente. De ese periodo quedan
vestigios del Templo de Artemisa (una de las Siete Maravillas del
Mundo).
La gloria de esta ciudad aumentó con la
época cristiana. Los pasos de Pablo de Tarso enriquecieron estas tierras
y dejaron allí una de las Siete Iglesias del Apocalipsis, de la que hoy
solo quedan ruinas.
Deslumbra en este recorrido la fachada
de la biblioteca de Celso (la más antigua del mundo), el templo a
Adriano, el Gran teatro, el Odeón, la Casa de la Virgen María. Tanta
historia y tantas huellas abruman. Demasiado destino para un solo día.
En las montañas de Trabzon
La siguiente parada es en un puerto
turco que por su ubicación entre Estambul e Irán ha sido un punto
importante y apetecido. Trabzon (en griego) o Trebisonda es una ciudad
que se descuelga por una montaña con iglesias, mezquitas, antiguas
casonas y la famosa iglesia-museo de Santa Sofía (en la foto),
construida en el siglo XIII.
Fue fundada en el siglo VII a. C. por
los colonizadores milesios. Hizo parte de la Ruta de la Seda y en el
siglo XV fue una polis griega. Llegó a ser un imperio modesto nacido
como consecuencia de la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204.
Luego estuvo bajo el dominio de los otomanos.
Religiones, lenguajes y culturas se han
mezclado. Pompeyo, Mitrídates y Adriano son algunos de los gobernantes
que han dominado esta tierra, cuya historia es rica en guerras,
fortificaciones y poderíos. El barrio antiguo, repleto de casas de
madera, conserva el espíritu medieval.
Tras la huella de los argonautas
Atrás queda el Egeo y el barco toma
rumbo al mar Negro, no sin antes atravesar las aguas del mar de Mármara y
hacer su paso triunfal por el estrecho del Bósforo. Un espectáculo que
impacta con el perfil lejano pero muy vivo de una de las ciudades más
interesantes e impresionantes del mundo: Estambul (Turquía).
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Sínope, un pequeño puerto sobre la costa norte de Turquía.
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El Negro es un mar que curiosamente se
desvanece entre verdes y azules, pero luego se tiñe de oscuro y
profundo, gracias a la alta concentración de microalgas. De ahí su
nombre. Sus aguas tranquilas llevan a un pequeño puerto sobre la costa
norte de Turquía: Sínope (Sinop).
Basta poner un pie en esta
tierra para que la imaginación vuele a las leyendas de los Argonautas,
los héroes que viajaron en la nave Argos en busca del vellocino de oro.
Atenienses, griegos, bizantinos también
sembraron allí sus huellas y dejaron ruinas y fortificaciones. Vale la
pena detenerse en el Museo de Arqueología, en el que hay un buen
recuento de las diferentes épocas y periodos por los que ha atravesado
esta ciudad. En su puerta, vigilante, la estatua de Diógenes, el
filósofo que nació en esta ciudad y fue exiliado y se trasladó a Atenas.
Las mil caras de Batumi
Batumi está en plena construcción. Esta
ciudad y puerto de Georgia, como todos los de esta región, tiene miles
de años de historia, pero vive hoy un curioso renacer. Sus calles hablan
de imperios persas, romanos, árabes, mongoles, turcos y rusos. Por eso
su arquitectura resulta tan variopinta.
Al recorrer su avenida costera se ve una
ciudad que tiene ínfulas de una europea moderna, con rascacielos,
torres y hoteles de gran tamaño y arquitectura futurista, que alternan
con edificios venidos a menos de la época comunista.
Dicen que fue la ciudad mimada del
anterior presidente, Mikheil Saakashvili, quien destinó importantes
sumas a su reconstrucción. Hoy es uno de los principales centros
turísticos de este país, en el que la uva es un orgullo nacional: los
georgianos se ufanan de haber inventado el vino por el año 6000 antes de
Cristo.
La constancia de Constanza
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El malecón es el punto de encuentro de las familias los fines de semana. Al fondo, el antiguo casino.
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Nostalgia y melancolía. Este puerto
rumano se quedó atrapado en el tiempo, y aunque lucha por despegar y
renovarse, sus raíces están clavadas en una Europa decadente. Basta
caminar algunas de sus calles, playas, puertos, hoteles y comercios para
percibirlo.
Constanza es el puerto más importante de
Rumania y una de las principales ciudades del país. Ya en tierra,
conviene visitar el Museo de Historia Nacional y Arqueología, en la
plaza de Ovidio, con objetos de las épocas grecolatinas, orfebrería
helenística, esculturas griegas y romanas.
También, la mezquita de Mahmudiye,
levantada en el siglo XIX sobre otra del XIV; la catedral ortodoxa
griega de finales del XIX, al igual que la iglesia católica, que ostenta
una torre o campanario románico.
No puede faltar un paseo por el malecón.
La vista allí la domina la mayor joya de la ciudad: el antiguo casino,
construido en el siglo XX, mezcla de arquitectura barroca y rococó. En
esta tierra yacen los huesos de Ovidio, uno de los más grandes poetas de
todos los siglos.
usadasi, un momento para las compras
Ya de regreso de Éfeso, se debe hacer
una justa parada en Kusadasi, la ciudad en la bahía más bella del Egeo.
Yates, hoteles, playas y comercio atraen a viajeros de todo el mundo.
Para los turistas de los barcos de crucero es el sitio ideal para
‘bajarse’ de unas liras turcas a cambio de marroquinería, tapetes de
seda, objetos de vidrio o cerámicas.
Comer, beber, vivir Estambul
Una odisea de esta dimensión no puede
tener mejor puerto final. Son pocas estas líneas para hablar de la
grandeza de Estambul, una de las ciudades más ricas y maravillosas sobre
la Tierra. Sin duda, la recomendación es: destine mínimo tres días para
recorrer y vivir brevemente la mayor ciudad de Turquía, que se sitúa
entre Europa y Asia.
Será poco tiempo, pero suficiente para
caminar por el barrio antiguo de Sultanahmet y perderse entre sus calles
para descubrir sus tesoros: El museo de Santa Sofía: tanta historia y
majestuosidad requieren por lo menos tres horas.
Por 30 euros descubrirá que este lugar
fue una antigua basílica patriarcal ortodoxa, posteriormente
reconvertida en mezquita y hoy es un museo con una gran colección de
reliquias.Es una gran obra de la arquitectura bizantina.
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La imponente Mezquita Nueva (1597).
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La Mezquita Azul: debe estar pendiente
de los horarios para los turistas y hacer una larga fila para luego
estar dentro de un mundo de mosaicos azules, cúpulas y vitrales que
conforman la mezquita más importante de esta ciudad y en la que se vive a
plenitud el culto musulmán. Única en Estambul con seis minaretes.
El Gran Bazar: tres horas son pocas,
pero intente recorrer algunas de sus 58 calles y 4.000 tiendas, con
mercancías y artesanías de esta región y de otros lugares del mundo.
Regatear y comprar es un placer en este, uno de los mercados más
antiguos y encantadores del mundo. Lámparas, tapetes, cerámicas y
objetos con toda la magia se consiguen allí.
El bazar de las especias:
Almendras, turrones, baklavas (hojaldres bañados en miel), especias,
mieles, licores, tés… Qué juego de olores, sabores y colores se levanta
en este espacio. Imposible salir de allí sin una bolsita llena de
tentaciones.
La Mezquita Nueva: Al frente del bazar
de las especias, basta con dar 20 pasos para estar en su interior.
Levantada en la época clásica otomana, 67 años duró su construcción. Su
vidriera, sus ventanas, puertas y cerámicas interiores la hacen
sencillamente encantadora.
Por la armonía entre sus piramides y su
cúpula, parece que se elevara hacia el cielo. Veinte minutos de visita, y
de allí a tomar un té de manzana en cualquiera de los cafés que la
rodean… ¡Qué delicia!
Al frente está el puente Gálata, que
invita a caminarlo y a cambiar de barrio. Y, encumbrado, está Beyoglu
(también conocido como Pera), en donde deberá visitar su plaza Taksim y
su monumento, la Torre Gálata, y las calles que bullen de comercio.
No pueden faltar los palacios: Topkapi y
Dolmabahçe. El primero está entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara,
y desde él se tiene una espléndida vista del Bósforo. Fue el centro
administrativo del Imperio otomano y está formado por pequeños edificios
juntos y rodeados por cuatro patios.
El segundo, fue el primer palacio de
estilo europeo, construido en tiempos del sultán Abd-ul-Mejid I entre
1842 y 1853, tiene la mayor colección de candelabros de cristal de
Bohemia y Baccarat; también una escalera con barandas de cristal. Los
minutos restantes serán para comer, beber y vivir esta ciudad en la que
el tiempo nunca será justo…
El lujo a toda máquina
La naviera Regent Seven Seas Cruises
conquista con camarotes de gran tamaño, gastronomía y licores de alto
nivel y un servicio que no descuida detalles.
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Champaña y cocteles de bienvenida durante todo el viaje.
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¿Sueña con viajar por los mares más
interesantes y aventureros del mundo a bordo de un barco que le ofrezca
placer, lujo y máxima comodidad? Usted está en la mira de Regent Seven
Seas Cruises, una naviera que promete satisfacer hasta el último detalle
y anhelo de los viajeros de largo kilometraje.
Ellos saben que el lujo se está tomando
Colombia, y tienen claro que este mercado el año pasado se embolsó 1,56
billones de pesos, de acuerdo con el informe ‘El negocio del lujo en
Colombia 2012-2014’, elaborado por el portal de información empresarial
losdatos.com.
Especializada en turismo de superlujo y
exclusividad, entre el 2015 y el 2016 ofrecerá itinerarios por Asia,
África, América del Sur, Europa, Caribe y Alaska. Visitará más de 150
puertos en 50 países diferentes, por tierras exóticas y destinos
aventureros. Lo suyo no es competir por ser la nave más grande ni por
llevar un gran número de pasajeros.
Con tres barcos (Mariner, Voyager y
Navigator), la naviera no deja nada al azar e indaga permanentemente a
sus viajeros sobre sus gustos y deseos. Por eso, asegura el capitán
Luksa Kristovic, “crucero tras crucero encontramos en promedio 300
pasajeros que repiten por el nivel y la calidad de nuestro servicio, en
busca de nuevas rutas y de nuevas experiencias”.
Tras navegar en el Mariner por la ruta del mar Negro, les contamos cuáles son sus fortalezas:
1. Los detalles. Desde
el embarque hasta cuando se pisa el último puerto, la naviera acompaña y
está atenta de sus viajeros. Es una naviera de detalles y de servicio
impecable: cero filas en el abordaje, champaña y cocteles de bienvenida y
durante todo el viaje, atención permanente en las habitaciones y
servicios especiales para quienes no quieren preocuparse ni siquiera de
sus reservas aéreas. Para garantizar que ningún detalle se escape, una
tripulación integrada por 444 personas de distintas nacionalidades sabe a
la perfección el arte del buen servicio. Ni mucho ni poco. Entre ellos
encontrará siempre alguien que hable español (y casi seguro un
colombiano).
2. Mucho espacio. Este
barco de 480 toneladas, que normalmente transportaría a 1.200 pasajeros,
solo lleva 700 pasajeros a bordo, lo que quiere decir que dispone de
generosos espacios por persona, en los que predomina la decoración
sobria y elegante. Cuenta con habitaciones de gran tamaño con balcón,
vestier y un cómodo baño, amplios espacios de diversión, zona de
piscina, jacuzzis y asoleadoras, teatros, casinos, zonas de lectura y
cafés.
3. ¡Buen apetito!
Satisfacen los caprichos gastronómicos de los viajeros en restaurantes
de comida italiana, francesa, parrilla e internacional. Langosta, caviar
y carnes de alta calidad son los más apetecidos. En el Mariner, las
cocinas son supervisadas por el colombiano Fabián Meneses, subgerente de
alimentos y bebidas. Él asegura: “Tenemos un sello de lujo en la
calidad y supervisión de los alimentos. Estamos pendientes de las
solicitudes especiales y de las condiciones de salud de nuestros
pasajeros”.
4. El room service está
disponible las 24 horas, y a las cinco de la tarde puede disfrutar la
hora del té o recibir en la habitación quesos, salmón, frutas. Y cuenta
con una amplia selección de vinos de cosechas especiales. “Cumplimos con
normas de limpieza, manipulación y mantenimiento de alimentos de
primera calidad para garantizar un menú saludable”, dice Meneses.
5. La naviera cuida con
detalle las rutas y los destinos que visita. En tierra dispone de
transporte gratuito en los puertos hasta el centro de la ciudad y de
regreso. Ofrece excursiones organizadas de diferente duración e
intensidad de caminata por los sitios de interés. Y quienes lo
prefieren, pueden optar por servicio de vehículo privado. A la hora de
seleccionar el crucero revise muy bien la ruta y los puntos de parada
para no llevarse sorpresas ya a bordo.
6. Actividades: en el
día, hay conferencias con historiadores sobre los sitios a visitar. O
actividades recreativas o deportivas. Todas las noches hay un
espectáculo musical, y los bares o la discoteca reciben a los amantes de
la rumba. No falta el spa con tratamientos y terapias que integran
salud y relajación, el gimnasio con vista al mar y un exclusivo espacio
para las compras.
7. Compromiso verde: “Son
naves con tecnología de punta que garantizan estabilidad y eficiencia
en el consumo de energía, así como el compromiso de la naviera con el
medio ambiente –dice el capitán Luksa Kristovic–. Somos respetuosos de
las reglas que implementan los gobiernos para la protección del mar”.
Las aguas negras son tratadas a bordo, las basuras clasificadas y
procesadas para poder ser desechadas bajo parámetros biodegradables.
El Tiempo.







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