El tiempo del viaje y el destino son fundamentales a la hora de comprarlas.
Atiborrar la maleta hasta el punto de
tener que sentarse encima de ella para poder cerrarla es una escena que
ha ido desapareciendo en la vida de los viajeros, debido a la dictadura
de los 23 kilos de peso que la mayoría de las aerolíneas han impuesto
como equipaje permitido.
Ya no se trata de desafiar la capacidad
de la maleta y forzar al máximo su cierre para que quepa todo lo
posible, sino de saber cuánto pesa todo lo que quiero llevar. En caso de
exceder la cifra lapidaria y no querer sacar nada, hay dos opciones:
repartir el contenido entre la maleta que va a bodega del avión y la que
puede llevar en cabina (a la mano), o estar dispuesto a adicionarle a
su bolsillo el peso del pago de los kilos de más.
Este proceso de pelear con cada gramo es
importante a la hora de elegir una maleta, situación en la que estarán
muchos por estos días, vísperas de vacaciones. Hay que saber cuántos
kilos aporta esta a los 23 establecidos, o mejor dicho, cuánto pesa
desocupada, cifra que depende del material, la estructura y el sistema
de las ruedas y del trolley (la manija extraíble); al sumar esto puede
oscilar entre 4 y 8 kilos según el tamaño.
Sin embargo, este no es el principal
punto a tener en cuenta. Hay dos preguntas clave que determinan el tipo
de equipaje ideal: la duración del viaje y el destino.
“Con esto se define si se necesita una
maleta de mano o una media o grande. No es lo mismo un viaje de trabajo
de tres días, que de vacaciones a Nueva York en invierno. Y también el
tipo de material”, comenta Sonia Ospina, directora comercial de cadenas
de Lugano, marca especialista en equipajes.
Determinado esto, viene la cuestión del tamaño y el material
La maleta ideal para viajeros
frecuentes, especialmente de viajes cortos de trabajo, es la pequeña (20
pulgadas) para llevar en la cabina del avión y de un material robusto
para que aguante el trajín.
Las medianas (25 pulgadas) y las grandes
(29 pulgadas) ya son para meter en la bodega del medio de transporte
que se va utilizar. Si va a zonas lluviosas o en temporada de invierno,
tenga en cuenta que se pueden mojar. En estos casos son mejores las
rígidas o de textiles impermeables para que su ropa no sufra.
“Si viaja en carro, es mejor llevar
maletas medianas y pequeñas que son más fáciles de acomodar en el baúl”,
recomienda Ospina. Y mejor si no son duras o rígidas.
Si viaja en tren o bus, tenga en cuenta que usted debe llevar su maleta, así que elija una mediana y lo más ligera posible.
En esta caso son más aconsejables las tulas y morrales.
“Estos también son perfectos para el
viajero ‘mochilero’, que se desplaza en diferentes medios de transporte
(bus, barco, tren, avión). Las de 20 pulgadas tienen gran capacidad,
aunque casi nunca traen ruedas, y la ropa se arruga mucho”, comenta Juan
Vásquez.
Lleve siempre una maleta o morral a la mano con algunas cosas personales, por si sus maletas se demoran o se pierden.
Un arrastre ligero y sobre ruedas
El sistema de ruedas y manijas para
halar la maleta también son fundamentales. “La manija debe ser
ergonómica y ajustable a la estatura de la persona para manejarlas sin
esfuerzo y comodidad”, explica Juan Vásquez.
Lo ideal es que sean de aluminio que son más livianas.
Están de moda las de cuatro ruedas, que
son prácticas para desplazarse en los aeropuertos y estaciones, pero no
en la calle. Tienen que tener un eje para girar 360 °, lo cual permite
una mejor manipulación (cuando son dos ruedas, vienen fijas). Los dos
expertos recomiendan que sean de silicona (no de plástico), que se
deslizan más suavemente y no suenan.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario