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Mirador del Pilón de Azúcar, en el Cabo de la Vela.
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El desierto tostado, infinito, se funde con un
mar que a veces es azul, y a veces, verde esmeralda. Ese espectáculo
natural sucede en La Guajira, territorio sagrado del pueblo indígena
wayú que cautiva a viajeros de todo el mundo que buscan destinos
distintos, salvajes, que aún no hayan sido invadidos por el turismo
masivo.
Visitar La Guajira, en la parte más
septentrional de Colombia, es tener la oportunidad de descubrir
escenarios surrealistas como las dunas de Taroa, en Punta Gallinas, o de
disfrutar de playas de arena anaranjada en el Cabo de la Vela. Es un
destino de naturaleza pura, casi virgen, donde se perciben la energía y
la herencia ancestral de los wayús.

El hospedaje es en sencillas rancherías
adaptadas por los indígenas para recibir turistas, donde es posible
desconectarse del mundo moderno.
Los que quieren más confort pueden hospedarse
en el hotel Waya Guajira. La comida la componen los pescados y mariscos
frescos que los nativos pescan en el mar. Y los atardeceres quitan el
aliento desde miradores como el Pilón de Azúcar.
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El Cabo de la Vela es ideal para la práctica de deportes náuticos como el windsurf.
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Para visitar La Guajira lo mejor es hacerlo con una agencia certificada;
no es sencillo ni recomendable hacerlo por cuenta propia. Es fácil
perderse en el desierto.
El Tiempo / Fotos: Juan Diego Buitrago



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