| Compartir la experiencia viajera en las redes sociales es ya un hecho |
En 2030, más de 1.800 millones de personas viajarán
anualmente al extranjero y sus motivaciones y hábitos serán radicalmente
diferentes de los de hoy en día. Muchos viajarán con el objetivo de
compartir sus experiencias en las redes sociales; otros exigirán la máxima comodidad en la gestión del viaje (que se lo den todo hecho, o casi); y también habrá un grupo que busque experiencias más lujosas y exclusivas.
Estas son algunas de las predicciones recogidas en el informe Future Traveller Tribes 2030:
los viajeros del mañana, un estudio elaborado por Amadeus y The Future
Foundation que identifica cuáles serán los perfiles o tribus de viajeros
que emergerán en los próximos quince años.
Según explica Nick Chiarelli, Director de The Future Foundation, «el estudio muestra que en 2030 cambiará el tipo de experiencia que demandan los viajeros
y la forma en que la compran. En los 15 próximos años el deseo de
compartir las experiencias de viaje estará muy arraigado y, en
consecuencia, también aumentará la repercusión del intercambio de
tendencias de inspiración y compra. La experiencia -antes que nada- y la
ética -tanto a nivel medioambiental como social-, influirán de forma
significativa en las decisiones y los hábitos de viaje de las personas».
Estas son las tribus emergentes, identificadas en este estudio.
1 Buscadores de capital social
2 Puristas culturales
3 Trotamundos
4 Amantes de la comodidad
5 Por obligación
6 Cazadores de lujo
Estructurarán sus vacaciones teniendo en cuenta, casi
exclusivamente, sus contactos en la red, para apoyarse en sus opiniones y
recomendaciones y justificar sus decisiones, así como en las
posibilidades que ofrezca de incrementar y enriquecer su capital social,
entendido en este contexto como el nivel de colaboración del consumidor
dentro de un colectivo, el valor que aporta y el valor que recibe. Esto
dará pie a un mercado totalmente nuevo de viajes concebidos de manera
específica a incrementar la relevancia online, plagados a propósito de
oportunidades para intercambiar experiencias en las redes sociales.
Los puristas culturales considerarán las vacaciones como la
oportunidad de zambullirse en una cultura extranjera -aunque ello
conlleve ciertas incomodidades- y el disfrute de sus viajes dependerá de
la autenticidad de la experiencia.
Los trotamundos comprometidos planificarán sus viajes de
acuerdo a criterios éticos, como la reducción de la huella
medioambiental o la contribución a la mejora de las vidas de otras
personas. Con frecuencia evaluarán cuál podrá ser el impacto del dinero
destinado a un viaje en un entorno e improvisarán o incorporarán algún
elemento relacionado con el voluntariado, el desarrollo social o la
sostenibilidad medioambiental a sus itinerarios.
Los amantes de la comodidad preferirán un paquete de
productos y servicios para evitar la gestión de diferentes aspectos del
viaje. Para esta tribu, las vacaciones constituyen un momento
excepcional en el que mimarse, con la confianza de que su seguridad y
disfrute están garantizados.
Los viajeros por obligación orientarán sus viajes a lograr
un objetivo concreto. Ya sean de negocios o de ocio, sufrirán
limitaciones de tiempo y de presupuesto; y demandarán una tecnología
-basada en algoritmos avanzados- capaz de eliminar o resolver las
incidencias de los viajes, como cancelaciones o cambios de vuelo.
Los cazadores del lujo se interesarán exclusivamente por
los viajes de lujo en su sentido más extremo. El viaje es una recompensa
extraordinaria, una experiencia que es imprescindible para compensar el
sacrificio de tiempo y esfuerzo que exige su trabajo y su vida
cotidiana.

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