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lunes, 11 de febrero de 2019

La Guajira, una tierra sorprendente

Desiertos hay muchos en el mundo, pero el encanto de este departamento radica en el valor agregado que le dan a su paisaje la calidez de su gente, la exquisita y variada gastronomía y la riqueza cultural que ofrecen sus 15 municipios.




El departamento de La Guajira es como un buen libro de 15 capítulos, de esos que uno no quiere dejar de explorar y que puede repetir una y otra vez. Capítulo tras capítulo y región tras región sorprende con personas que tienen en sus miradas el reflejo del alma, una gastronomía tan rica como variada que va desde el arroz de camarón en Manaure, la comida árabe en Maicao o el tradicional friche (chivo frito) en Uribia, y paisajes camaleónicos que pasan de las aguas azul turquesa del Cabo de la Vela hasta el verde de la Reserva Forestal Montes de Oca, entre Albania y Maicao.
La Guajira es mucho más que Riohacha, capital del departamento y punto de llegada de los cientos de turistas nacionales y extranjeros que mes a mes disfrutan de la caminata por el malecón turístico mientras compran las tradicionales artesanías wayuu, representadas en mantas, accesorios y coloridas mochilas. Este es el punto de partida, pero no la única meta que lo puede motivar a visitar este magnífico departamento.
Al norte de La Guajira, una parada imperdible está en las salinas de Manaure, donde gracias a las condiciones privilegiadas de sol, viento y lluvias escasas pueden producir sal de excelente calidad. Aquí la langosta, los langostinos, los camarones y el pargo rojo tienen un sabor exquisito y muy particular, producto de la arteria salina. Muy cerca de allí, en Uribia, capital indígena de Colombia, el turista puede vivir de cerca las tradiciones que tienen sus habitantes, el 98 % de los cuales son wayuu.
El Cabo de la Vela es para muchos nacionales y extranjeros el destino top del departamento, y tiene todos los argumentos para mantenerse en esa posición. El movimiento perfecto de las olas hace que sea elegido por los viajeros que practican kite surf para mejorar su destreza y aprender técnica. En su visita no pueden dejar de recorrer el pilón de azúcar, el faro y el ojo de agua.
El sur del departamento también es encantador. Entre las actividades de deportes extremos que pueden practicar está el tubing en Palomino (navegar un río en un neumático), el surf en Dibulla, hacer ciclomontañismo en Fonseca, entre las estribaciones de la Sierra Nevada, así como disfrutar de la tradición vallenata de San Juan, Urumita y Villanueva.
La Guajira es historia, cultura, minerales, música, gastronomía, biodiversidad y paisajes que hacen de este departamento un territorio único y cautivador. La Guajira se vive en primera persona porque, al igual que un buen libro, no es lo mismo si nos lo cuentan. Su alborotado viento que despeina, la calidez de su gente, el sabor de una almojábana en Hatonuevo o de las arepas de queso en Cuatro Vías son solo algunas cosas que hacen que los turistas vuelvan una y otra vez.
El Espectador
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jueves, 3 de mayo de 2018

Cinco legados de los Nasca que debe visitar

Cinco lugares turísticos que no debe dejar de visitar cuando quiera visitar esta región ubicada en el desierto del sur del Perú.



Mundialmente famosos por sus enigmáticas figuras trazadas las pampas del mismo nombre, los Nasca (s.I a VIII) dejaron grandes aportes en diferentes áreas del conocimiento científico. Este legado está aún vigente y puede ser visitado por todos aquellos que quieran conocer qué hay más allá de las misteriosas líneas (visibles únicamente desde el aire). 
  • Cahuachi “el vaticano prehispánico”
A 50 minutos en auto de la ciudad de Nasca se encuentra el centro ceremonial de barro más grande del mundo. Es un complejo arqueológico consistente en un conjunto de pirámides truncas de adobe que abarca un área de 24 km2 y está actualmente en investigación. Se distingue un patio y una amplia terraza con recintos techados; en la cima de los templos mayores fueron halladas grandes habitaciones con decenas de columnas.
  • Acueducto de Cantalloc
A sólo 5 kilómetros de la plaza principal, esta obra de ingeniería hidráulica construido por los antiguos habitantes de la región, se mantiene en uso hasta nuestros días. Para su cosntruccion se utilizaron piedra laja y troncos de “huarango” (prosopis pallida) que han resistido el paso de los siglos. En el lugar se puede apreciar alrededor 17 respiraderos del acueducto en forma de espiral.
  • Museo Didáctico Antonini
En este museo se exhibe una colección de piezas arqueológicas de las diferentes etapas de la cultura Nasca descubiertas a lo largo de las excavaciones realizadas en el centro ceremonial Cachuachi: cabezas trofeo, instrumentos musicales, textiles, fardos funerarios, entre otros. Además, se puede apreciar el acueducto de Bisambra, un ejemplo del magnífico trabajo de ingeniería hidráulica de los antiguos pobladores de la zona.
  • Necrópolis de Chauchilla
Ubicada a 27 km de la ciudad se encuentra este exótico lugar compuesto por 13 tumbas Pre Incas. Único lugar en Perú donde se puede apreciar momias en tumbas originales con textiles y cerámica de la época.
  • Líneas  y geoglifos de Nasca y Palpa
Reconocidas por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1994, las famosas líneas y geoglifos se extiende en un área de 450 km2, ofreciendo una experiencia inolvidable a más de 270 mil visitantes que las aprecian todos los años a través de sobrevuelos, torres metálicas o miradores naturales.
La científica alemana, María Reiche después de 50 años de investigación llegó a la conclusión de que se trató de un calendario astronómico. Si bien otros investigadores tienen otras versiones, todos están de acuerdo que la grandeza de los Nasca aún está en proceso de descubrirse.

El Espectador
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jueves, 30 de noviembre de 2017

Un viaje cósmico en el desierto de la Tatacoa

El desierto de la Tatacoa, es uno de los mejores destinos en el mundo para observar fenómenos celestes. El segundo Festival es apoyado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo




El municipio de Villavieja y su Observatorio Astronómico de la Tatacoa - OATA se convierten, por segunda vez, en el sitio de encuentro para profesionales y aficionados de la Astronomía, e igualmente para prestadores de servicios turísticos y visitantes que deseen conocer y maravillarse con las estrellas y fenomenos celestes del Desierto de la Tatacoa.
La realización del festival apoyado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, buscar desarrollar y fortalecer el turismo responsable y sostenible a partir de la concientización de la conservación de las zonas deserticas, que son indispensables para una mejor observación de los fenómenos celestes, así como potenciar el desarrollo de productos turísticos que conlleven a la especialización de destinos, en este caso el municipio de Villavieja.
Algunas de las actividades que van a encontrar en el marco del festival son: observación y estudio de la bóveda celeste, tour de constelaciones, planetario móvil, conferencias, talleres de astronomía, cohetería y astrofotografía, así como recorridos guiados.  Todo lo anterior orientado desde una perspectiva turística en donde los residentes y prestadores de servicios tendrán la posibilidad de aumentar sus conocimientos y cultura sobre esta tipología de turismo; y los visitantes reconozcan el destino como uno de los mejores de Colombia para estas prácticas astronómicas.
Todas estas actividades tienen entrada gratuita, a excepción de la zona para el astro camping que tiene un valor de $30.000 por persona.
Para conocer todos los detalles de la agenda le recomendamos visitar la página www.festivaldeastronomia.com
El Espectador
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lunes, 30 de enero de 2017

Pinacate, paisajes de otro planeta

Tres días en el desierto de Sonora. Un destino poco convencional y muy sorprendente en México.


Los ojos de las lechuzas brillan como las estrellas que iluminan el cielo nocturno de Caborca, en el estado mexicano de Sonora. El sonido de cada pisada se fusiona con su ulular. Entre los matorrales y con ayuda de la luna es fácil identificar una liebre con las orejas bien levantadas en señal de alerta. La fauna no es el objetivo de la caminata, sino 6.000 petroglifos heredados al desierto de Sonora –compartido por México y Estados Unidos- por la tribu tohono’o dham.

Es difícil calcular la antigüedad de las figurillas plasmadas en roca volcánica, pero Eric, el guía, sí sabe que esos animales, cactus y formas humanoides fueron labrados a golpe de piedra. Si son blancas es porque los minerales se han aferrado desde hace miles de años a la superficie.



Después de dos horas de caminata en la penumbra todavía queda tiempo para visitar la misión jesuita establecida por el padre Francisco Kino en el centro de Caborca, cenar y descansar lo suficiente. Lo mejor está por venir a la mañana siguiente: la reserva El Pinacate.

No es Marte, pero este lugar, que es reserva de la Biosfera, parece que lo fuera.
Los gigantes saguaros, esos cactus de brazos gruesos y espinosos tan famosos en las películas del oeste, delinean el camino de terracería que permite a los visitantes acercarse a dos de los 500 cráteres que hay en El Pinacate.


El Elegante es el cráter más grande de todos y el más bonito, con su circunferencia bien definida, rojiza y corrugada. Treparlo es un logro después de 40 minutos de esfuerzo, con uno que otro raspón. 
Mirar al horizonte significa fascinarse con los flujos de lava petrificada, los conos de ceniza, tinajas (acumulaciones naturales de agua en el lecho de la roca firme) y gigantes dunas doradas.

Cuenta Eric que ese suelo donde la NASA entrenó a sus astronautas antes del primer viaje a la Luna, en primavera se transforma en un campo de flores moradas, amarillas y blancas.



El enorme boquete tiene un vecino, El Colorado, otro cráter con un diámetro de tres kilómetros, la mitad de El Elegante. Después de rodearlo, hay que marchar a las dunas caprichosas que cambian de forma a toda hora por efecto del viento. Sobre las más altas, de 60 metros, se ve el mar que baña Puerto Peñasco: siguiente parada.

El malecón es un asiento preferente para ver el cielo que se tiñe de violetas mientras el sol se oculta. Se aprovecha el resto del día para explorar Puerto Peñasco, sin dejar de probar el pescado asado a las brasas, envuelto en hoja de plátano.


Al día siguiente y antes de regresar a Hermosillo, Eric lleva al grupo de viajeros a Las Trincheras, una zona arqueológica donde predominan 900 terrazas incrustadas en un cerro y un templo alineado astrológicamente. Dice que son vestigios de la cultura trinchera, asentada en la zona entre los años 200 y 400 d.C.


Si usted va…
A Ciudad de México vuelan, desde Bogotá, Aeroméxico y Avianca. Estando allí hay que tomar un vuelo rumbo a Hermosillo, vía Aeroméxico o vía Interjet.

El viaje a El Pinacate está disponible una vez al mes. Las salidas se hacen desde Hermosillo.

El Tiempo


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