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miércoles, 10 de julio de 2019

Comienza la temporada de avistamiento de ballenas

Desde julio y hasta noviembre, turistas pueden verlas en Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño.

Cinco noticias.


Cada año, de julio a noviembre, las ballenas jorobadas o yubartas ascienden desde el Antártico hasta las cálidas aguas del Pacífico colombiano para reproducirse o cortejarse. A partir de esto, la oferta turística aumenta en destinos como Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño para los interesados en realizar avistamiento de estos cetáceos.
Según Aminta Jáuregui, bióloga marina, directora del Programa de Conservación de Tortugas Y Mamíferos Marinos y docente de la Universidad Tadeo Lozano, “el Pacífico colombiano se convierte como en la sala cunas de los pequeños ballenatos”. Agrega que los machos cortejan a las hembras saltando fuera del agua y se pueden percibir algunos cantos y disputas entre estos.

Jáuregui dice “los ballenatos que nacen en nuestras aguas pueden medir entre los 4,5 a 6 metros y pesar hasta 700 kilogramos, y los ejemplares adultos pueden llegar a los 17 metros y pesar hasta 40 toneladas, siendo más grandes las hembras”. Las jorobadas deben su nombre a la pequeña aleta que poseen en la parte más ancha de su lomo.

Si usted desea realizar avistamiento debe tener en cuenta que los ejemplares tardan entre dos y tres meses en recorrer en promedio cerca de los 8.600 km para llegar a nuestro país. Esta llegada es constante pero no lo hacen todo el tiempo, algunas vuelven a sus zonas de alimentación y otras continúan hasta Costa Rica.
Precisamente, por la importancia natural de este acontecimiento, la oferta turística para esta temporada aumenta en los sitios de avistamiento como Nuquí y Bahía Solano en Chocó, Buenaventura en Valle del Cauca, Tumaco en Nariño, Guapi y PNN Gorgona en Cauca.

Según Óscar Gómez, Gestor en turismo de Fontur para Buenaventura y el Valle del Cauca, “alrededor de 15.000 turistas se dirigen al Pacífico para hacer avistamiento de ballenas”. Asimismo, agrega que los operadores buscan que aumente esa cantidad, pero de manera responsable y con las medidas establecidas por Parques Nacionales y Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Por su parte, César Isaza, gerente general del hotel ecolodge El Almejal en Bahía Solano, dice “fuimos los primeros en Colombia en desarrollar este programa turístico que hoy dinamiza la economía en el Pacífico”. El programa que ofrece incluye avistamiento exitoso, que consiste en que el turista repita sin costo si en la primera oportunidad no logró el avistamiento, e hidrófono para escuchar en vivo el canto de estos animales.

Para hacer más fácil el traslado a estos destinos la aerolínea Satena aumentó sus frecuencias para Bahía Solano, saliendo de Medellín; Tumaco, desde Bogotá y Cali; Guapi, desde Cali, y Buenaventura, desde Bogotá. El presidente de Satena, Pedro Lozano, afirmó que "desde nuestra aerolínea nos llena de orgullo apoyar e incentivar el turismo en estas regiones del país, generando a su vez un constante desarrollo económico, brindándoles una buena conectividad aérea en rutas que les permitan a los turistas disfrutar de esta maravilla natural”.

Por su parte, Aviatur ofrece tres destinos: Gorgona, Nuquí y Bahía Solano. En dónde además de ver las ballenas los interesados pueden realizar otras actividades. Recomiendan para el PNN Gorgona “quedarte unas 2 noches y además de la salida a ver las ballenas, podrás hacer un recorrido hacia Playa Palmeras, visitar el antiguo penal y disfrutar de este ecosistema de bosque tropical”.
Algunas recomendaciones
La bióloga dice hay que tener en cuenta “las clases de grupos con los que se pueden encontrar: madres con su cría que son los más vulnerables, los grupos en cortejo y los de cantores”. Los turistas no deben dar de comer ni arrojar desperdicios o basura al mar. Si está nadando y accidentalmente se encuentra con uno de estos animales, trate de alejarse lo antes posible y manténgase a mínimo 30 metros.

En la página web de ProColombia recomiendan paciencia y prudencia. “Si bien los cetáceos pueden demorarse en aparecer, e incluso no hacerlo durante la estadía del espectador, hay más posibilidades de encontrarlos en las primeras horas de la mañana y últimas de la tarde cuando el mar está más calmado y el sol no está en plenitud”.

Según la guía de avistamiento responsable de mamíferos acuáticos en Colombia, publicada en 2017, los turistas deben tener en cuenta las siguientes recomendaciones: 

● La zona de espera en las embarcaciones es de una distancia de 200 metros y de aproximación cercana de 100 metros.

● Las embarcaciones deben mantener un rumbo paralelo al desplazamiento de los individuos. Esta aproximación debe ser lo más lenta y gradual posible.

● No exceder límite de pasajeros. Según reglamentación de la Dirección General Marítima y las capitanías de puerto deben contar con los elementos mínimos

requeridos: chalecos salvavidas para todos los tripulantes, incluyendo motoristas y guías, botiquín de primeros auxilios, ancla, motor auxiliar, etc.
El Tiempo
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martes, 16 de febrero de 2016

El Santuario de Las Lajas de Nariño, un milagro en el abismo

Esta maravilla religiosa y arquitectónica, en Ipiales, fue elegida el templo más lindo del mundo.

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Enclavado e imponente en el cañón del río Guáitara, en el sur de Nariño, aparece el Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas, el mismo que en octubre del 2015 fue catalogado por el diario británico 'The Telegraph' como el templo más bello del mundo.

Razones no le faltaron a dicho diario para ubicar a Las Lajas en el primer lugar en un listado con las 23 iglesias más bonitas, entre esas varias europeas. La maravillosa edificación –no sobra el adjetivo– está localizada en el municipio de Ipiales (Nariño), en el corregimiento de Las Lajas y a solo 3 kilómetros de la frontera con Ecuador. Y perdura desde comienzos del siglo XX.


Con su imponente estilo neogótico, cubierta en toda su extensión por piedra gris y blanca, atrae cada año a unos 750.000 peregrinos colombianos, ecuatorianos y de otras naciones del mundo, según cifras del Santuario.


No es complicado llegar. Partiendo de la ciudad de Pasto, se recorren 80 kilómetros de la vía Panamericana a lo largo de los cuales se podrá apreciar en toda su magnitud el cañón del río Guáitara, con elevadas montañas acompañadas de pequeñas parcelas que dibujan colchas de retazos que inspiran a los artistas regionales en sus obras pictóricas.

Es un recorrido en que los turistas tienen la oportunidad de conocer pequeñas poblaciones y cabeceras de algunos municipios del sur del departamento. A solo 15 minutos está el corregimiento de Catambuco, que con el transcurso de los años ha conseguido fama porque allí se prepara el mejor cuy, considerado el plato típico por excelencia en la región. Después harán su arribo a Tangua, y enseguida están Yacuanquer, El Pedregal, Pilcuán, San Juan y finalmente Ipiales.

El santuario de las Lajas es conocido también como el ‘milagro de Dios en el abismo’, pues es eso: una imponente obra religiosa y arquitectónica que brota sobre un abismo. Y para entender este concepto hay que acudir a la historia. O mejor, al milagro de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario de las Lajas, que se remonta al año de 1754 cuando su imagen fue descubierta por la indígena María Mueses y su pequeña hija, Rosa, cuando se movilizaban de la ciudad de Ipiales a su casa en el vecino municipio de Potosí. Caía una fuerte tempestad y madre e hija debieron interrumpir su caminata y ocultarse en medio de piedras y lajas, al fondo del cañón del río Guáitara.


Cuenta la leyenda que la madre quedó de una sola pieza cuando la niña, que era sorda, habló y pronunció las siguientes palabras: “Mamita, la mestiza me llama...”, señalando con su mano la pintura con la imagen de la Virgen sobre una laja.

Unos días después las autoridades y pobladores de la zona pudieron comprobar la veracidad del hecho, y el lugar empezó a convertirse en un referente religioso no solo en el sur de Colombia, sino del norte de Ecuador.

El santuario de Las Lajas, en su primera etapa –sus primeros 40 años–, fue una choza de madera y paja. En la segunda etapa ya adquiere la forma de capilla construida con ladrillo y cal y terminada en cúpula. La tercera contempla su ampliación, con la intervención del arquitecto ecuatoriano Mariano Aulestia.

La cuarta abarca la construcción de la plazoleta y el puente de dos arcos, y la última corresponde al santuario con las características actuales; la construcción comenzó el primero de enero de 1916, a cargo del ingeniero ecuatoriano Gualberto Pérez y del pastuso Lucindo Espinoza, quienes terminaron la imponente obra en agosto de 1949. Según los cálculos, su costo fue de 1’850.000 pesos colombianos de la época, que fueron conseguidos con los aportes de los miles de fieles y creyentes de Colombia y Ecuador.

Turismo y devoción

Desde la estación de transporte hacia el corregimiento de Las Lajas empieza un recorrido descendente de 7 kilómetros por una vía pavimentada y habilitada para dos carriles que bordea el paisaje en caprichosas curvas que dejan entrever al fondo el cañón del Guáitara.


Las Lajas es un caserío que se ha ido formando en torno al santuario, afianzando sus casas a los riscos y trazando caminos o escaleras de piedra. A lado y lado se levantan las tiendas que ofrecen toda clase de productos artesanales, básicamente de carácter religioso y tejidos de lana, lo mismo que tallas en madera.

Descender un total de 262 escalones puede ser agotador, pero en el caso de Las Lajas constituye una grata experiencia cuando se llega hasta la última grada de piedra y se descansa en la plazoleta La Juana, la cual recuerda el milagro presenciado por Juana Mueses de Quiñones y su hijita Rosa.

La belleza de este templo, de 100 metros de altura –desde la base hasta la torre– se puede observar desde el edificio central con sus 15 metros de ancho por los 27,5 metros de largo, donde sobresalen las tres naves cubiertas con bóvedas de crucería; en la zona externa se aprecia el puente, con una longitud de 50 metros de alto por 17 metros de ancho. Allí se revelan también las tres torres que terminan en agujas decoradas con grumos y frondas, ventanales, rosetones, arbotantes y pináculos.

Para el historiador Jaime Coral, el santuario de Las Lajas tiene una gran ventaja con relación a otros templos y es que puede mirarse desde distintos ángulos, según el interés de cada peregrino o turista. Desde los arcos de estilo romano que sostienen el puente-atrio hasta las agujas de las torrecillas neogóticas, o desde donde los ángeles proclaman la gloria de Dios con trompetas y antorchas encendidas. Desde los vitrales y rosetones que tamizan la luz. Desde los mosaicos y las tallas de madera de las puertas o desde el mismo abismo que permite visualizar su espectacular estructura.


También se pueden ver las manifestaciones de fe a Nuestra Señora en varias paredes tapizadas con placas de agradecimiento por milagros recibidos.

El historiador resalta las columnas del templo, que se levantan entrelazando sus venas, formando un juego de estrellas “porque obliga a pensar en el infinito”. Y al fondo, tallada sobre la roca viva, está la cueva del milagro, donde resplandece la imagen de Nuestra Señora de Las Lajas con el Niño Jesús en el brazo izquierdo y el rosario en el derecho, junto a los santos patronos Francisco de Asís y Domingo de Guzmán.

La Virgen Mestiza mira con sus grandes ojos negros y sigue al peregrino como preguntándole sus angustias y esperanzas.

El templo puede ser admirado desde otros sitios que ofrecen distintas perspectivas, pero siempre con la misma magia, el mismo esplendor que contrasta con los caminos, con la naturaleza asomando su frescura.
Allí todo es singular y múltiple a la vez, para recordarnos que el Santuario de Las Lajas es un milagro de Dios en el abismo y ahora, como si lo anterior fuera poco, el templo más bello del mundo.


Si usted va...

Para viajar a Las Lajas debe llegar a Pasto. Desde la capital de Nariño, el viaje a Ipiales tarda algo más de una hora en bus de servicio público, que cuesta 8.000 pesos. Cuando se llega a Ipiales se debe abordar un servicio colectivo, que en cuestión de 15 minutos lo deja en el santuario.

El Tiempo

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jueves, 9 de abril de 2015

Paraíso de los enamorados

Laguna de La Cocha, en Nariño

A 30 minutos de Pasto, un santuario verde llama la atención de los turistas que buscan tranquilidad y aventura.        


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En el corregimiento El Encano, de la ciudad de Pasto, al suroccidente de Colombia, entre la neblina de los días más fríos y la luz de los más soleados se esconde la laguna de La Cocha, el segundo cuerpo de agua natural más grande del país, después del lago de Tota, y el primer humedal de importancia internacional dentro del convenio Ramsar en la zona andina.

Un paraíso de aves, bosques, páramos, valles y, últimamente, de enamorados, pues desde hace seis años el encanto natural, el entorno raizal y el romanticismo del ambiente hicieron de este un destino ideal para bodas y lunas de miel. “En promedio tenemos dos matrimonios al mes, generalmente son pastusos que se han ido a vivir al exterior y eligen La Cocha para casarse”, cuenta Ana María Bravo, directora del Chalet Guamuez.

Este es uno de los dos grandes hoteles que se encuentran en el lugar y que les ofrecen a sus clientes desde el hospedaje hasta la decoración. “Los precios dependen del número de invitados y del menú que soliciten, que en promedio oscila entre los $5’500.000”, agrega.

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Otras actividades para hacer en este santuario, considerado por los indígenas de la zona como el segundo lugar de mayor energía después de Machu Picchu, en Perú, son el avistamiento de aves, la observación de flora y fauna representativa del páramo, los paseos en lancha a la Isla de la Corota, recorridos por senderos ecológicos, ciclomontañismo y deportes náuticos como kayak.

El auge de la actividad turística ha provocado que hoy muchas viviendas sean reservas naturales, espacios en los que los habitantes dan a conocer las prácticas agrícolas, los métodos de conservación del ecosistema, los cultivos, el agua y la crianza de animales, un motivo que hizo que en 2010 La Cocha recibiera el Premio Internacional Globo Azul, por ser una de las cinco mejores prácticas de manejo en humedales en el mundo.

Para llegar a este destino basta con tomar un vuelo hasta el aeropuerto Antonio Nariño, ubicado en el municipio de Chachagüí, a 35 km de Pasto y dirigirse vía terrestre hasta el corregimiento El Encano, en un trayecto de 40 minutos. Una vez en el lugar no queda otra opción que dejarse seducir por el predominante verde y el arrullador silencio que permite sentirse en un paraíso terrenal.

El Espectador

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